Desánimos varios

Esta semana escribo por segunda vez, sí. Pero la ocasión lo requiere. La ocasión o el pensamiento/sentimiento que me recorre y no es positivo, precisamente. Ahora sí, a pesar de que mi actitud respecto al periodismo suele ser positiva hoy no lo es. Ver una redacción casi vacía no puede ser motivo de agrado ni para mí, ni para nadie.

Y menos si esa redacción es del principal periódico de tu ciudad y conoces a algunos de sus trabajadores. En fin, que “la cosa está jodida” y no vengo a descubrir nada nuevo. Pero aquí el asunto es, si cabe, algo más grave. Cuando comentaba en el post sobre el análisis de web de Diario de Ávila que habían incluido publicidad olvidé incluir que el ingreso publicitario no se lo lleva Diario de Ávila, sino que va a parar a Burgos.

Vaya, que la edición web no tiene ni una pizca de rentabilidad económica para este medio. Eso, sumado a la crisis publicitaria en papel nos da un turno de redacción con 9 personas. ¡NUEVE! E incluyo a gente que trabaja para televisión.

Estas personas van a ruedas de prensa, entrevistas, plenos y demás. Vuelven a redacción, hacen un avance para la web (ya que desde que remodelaron su web actualizan los contenidos al momento) entre evento y evento. Cuando acaban, empieza la hora de escribir la noticia propiamente dicha para la edición papel. Jornadas interminables, como podéis suponer. Y una rebaja de sueldo de regalo (que lleva tres años congelado, por otra parte).

En estos días también he escuchado una frase de otro periodista: “he perdido la dignidad periodística”. Y escuchar esto es muy duro. Es duro pensar que haya gente que obligada por la ideología de su medio de comunicación y presionada por el poder económico y político de alrededor tenga que verse agobiada y pensar en que ha dejado su profesionalidad periodística tirada en la cuneta.

Algunos podrían pensar que si no se encuentra a gusto con su trabajo que lo deje. Me adelanto a estos graciosillos/listillos/gilipollitas de turno: 5,6 millones de parados. Ya lo he dicho todo.

En fin, que una profesión tan estupenda como puede ser el periodismo (porque puede serlo) se convierte en una bazofia por culpa de los intereses políticos y económicos (o viceversa, aunque terminan siendo lo mismo). Mientras tanto, los lameculos de toda la vida van ascendiendo cargos. Sí, tengo un nombre en mi mente y no voy a decirlo, solo puedo alabar su poca profesionalidad y su bajo nivel humano y animarle a que siga paseando la lengua por los primeros traseros de mandamases que vea. ¡Así vas bien, campeón! Pero estos lameculos ha habido siempre y siempre los habrá. Por desgracia.

Y vuelvo a insistir. El periodismo, como la política (que sí coño) es un SERVICIO CIUDADANO, aunque no lo creáis y yo cada vez lo crea menos. Es indignante y personalmente desmoralizador ver cómo el DIRCOM (Jefes de Comunicación de toda la vida a lo fino) de cierto partido político viene a maquetarte la página. A decirte qué incluir y qué no en cada apartado. A quién hacer entrevista y a quién no. Qué publicar y qué no. Ea, unos huevos como cantos de río que tiene el personaje.

Entonces, ¿qué papel pintamos en el mundo? ¿El de transcriptores? ¿Somos un busto asintiendo a todo lo que le dice el partido político de turno? Todo esto por poder llegar a fin de mes. Y vuelvo a hablar de la prostitución de la profesión. Es un asunto muy grave y que, evidentemente, deja en mal lugar al oficio. Los periodistas, junto a los abogados, son los oficios peor valorados por la ciudadanía. Y aquí mi parte de la defensa hacia ellos.

Si admiten “pasar por el aro” y terminar publicando lo que Fulanito les ordena (siendo Fulanito de X partido político) no es por amor al arte en la mayoría de los casos. Es por amor a tener 20 euros en el bolsillo para poder pagar en el Mercadona.

Si no admiten “pasar por el aro” y terminan mandando a tomar café a Fulanito (siendo Fulanito de X partido político) es por amor al periodismo. En este caso Fulanito coge el teléfono y llama a Pepito (siendo Pepito director de X diario/radio/televisión) y Fulanito va a ayudar a ese grupillo de amigotes, llamados parados, a conseguir llegar a 5,6 millones, como dicen las encuestas. Y ya no hay 20 euros para el Mercadona.

Pero en base a esta postividad que me caracteriza en algunos momentos, a este último le diré que siempre están los comedores sociales, que como su nombre indica, son sociales, en sociedad. Vamos, que nunca comerá solo. Apasionante, ¡eh!

El caso, ¿qué hacer? ¿Obedecer o no obedecer? Porque aún estoy en la carrera y si me desanimáis un poquito más igual me planteo cambiarme a ADE (por el que vale, vale y el que no, para ADE), o irme a trabajar a Eurovegas. Total, acabaría prostituyéndome igual…

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8 comentarios en “Desánimos varios

    • Muchas gracias. Sí, es lo que me he encontrado hoy. Pero soy una cabezota, así que seguiré (me repito siempre que “un buen periodismo es posible”)

    • Sí, ha sido un palazo la verdad y más sabiendo que es el único diario que queda en Ávila en papel (queda Gente también pero no cuenta) y otro digital. Muchas gracias y ánimo a ti también, que estás en el mismo barco 🙂

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