El fin del Periodismo. Parte I.

Este título que puede sonar algo apocalíptico no es más que una de las preguntas que se están poniendo sobre la mesa en los últimos años. La semana pasada alguien asiduo al blog me recomendó una lectura que, a su vez, recomiendo a quienes leáis este lugar.

Es una lectura “larga”, unas 20 páginas, pero que viene a corroborar, desde un punto de vista mucho más profesional y de parte de José Luís Dader, que seguro segurísimo tiene más que decir que alguien como yo, lo que voy tratando post a post. Lo que viene a continuación es solo la primera parte del análisis de la lectura, que tiene mucha miga. Por lo tanto, habrá más partes en el blog.

A todo esto, como con todas las cosas que se leen, se puede hacer dos cosas: leerlas sin atención y pasar página; o leerlas con atención y analizar parte de lo que dice. Y estas son las ideas básicas con las que me quedo.

En el texto está escrito, a mi juicio, de una manera muy completa y donde se llevan palos todos los lados: los periodistas, los directivos de los medios de comunicación y los ciudadanos. Y es cierto, todos los factores que participan en el ciclo informativo tienen parte de culpa.

La sobreabundancia de información es un arma de doble filo. Gracias a los nuevos medios tenemos toda la información que queramos a golpe de ratón, pero precisamente ese gran caudal informativo nos lleva a confundir la importancia de cada información, y así lo refleja:

 “Nunca como ahora el ciudadano puede estar tan desorientado por el exceso
de mensajes contradictorios y el ruido informativo, que impiden distinguir la
relevancia noticiosa.”

Pero para hacer este barrido de información y esta selección dependiendo de la importancia del hecho noticioso, están los periodistas, los verdaderos profesionales llamados a ello.

“…los periodistas son ahora más necesarios que nunca para ayudar al público
a descubrir, como oro entre la arena, las informaciones más exactas, completas y pertinentes”

Aunque, como venimos viendo en los últimos tiempos, el gatekeeping nos lleva a incluir en esta selección de informaciones aquellas que son las demandadas por el público y no las realmente importantes. Afán de vender, vamos. Y es algo sobre lo que otra autora, Virginia Luzón, advierte. Ella aboga por un gatekeeping mixto, aquel compuesto por noticias de relevancia informativa vista desde un punto de vista profesional y otras que puedan halagar al público, ser más entretenidas, curiosas… Pero actualmente nos encontramos con una sobreabundancia de informaciones livianas, sin contenido profundo aparente y así lo refleja:

“…el principal enemigo del periodismo sea el mismo periodismo, o mejor dicho, su desangelada y distorsionada práctica actual, fagocitada por una serie de desviaciones, como el infoentretenimiento y la agitación propagandística”

El periodismo es el propio enemigo del periodismo. Nos hacemos la competencia a nosotros mismos. Absurdo, pero real. Pero, ¿hasta qué punto este sistema es viable? Hasta el punto en que la sociedad sea crítica y busque una información veraz, contrastada, completa, argumentada… y a ello deberían contribuir, según Dader, los mismos periodistas y los lectores críticos, elitistas podríamos llamarlos, que que buscan a su vez un periodismo elitista. Dader nombra el «Periodismo Delegado» o «Representativo» («Representative Journalism»)

“…mediante los donativos de ciudadanos que identifiquen la salubridad democrática con la calidad periodística […] mantengan de manera continua la cobertura periodística de ciertos temas desatendidos o trivializados por el periodismo convencional.”

También hace una comparación muy acertada entre los diarios gratuitos y The sugar pill. Destaca que este tipo de periodismo si bien es aceptado y aceptable, no constituye más que un mero entretenimiento para amenizar un momento pero que no cumple con los requisitos de este periodismo profundo por el que lucha. Además, en los tiempos en los que estas “píldoras dulces” o “caramelos” servían para amenizar o entretener los trayectos al trabajo, existía un público exigente que consumía periodismo de calidad y reclamaba su existencia. Este público en la actualidad si no está eliminado, podríamos decir que se encuentra en “vías de extinción”.

“The sugar pill (Matthews, 1957), el caramelo de noticiejas que la clase trabajadora consumía en lo que duraba su trayecto ferroviario desde los suburbios dormitorio a los centros de trabajo. Y que como tal píldora intrascendente y barata se tiraba en las papeleras nada más bajarse del tren.”

Y bien. Nos encontramos con unos medios de comunicación que poco distan en su elección de noticias de las que puede hacer uno de estos diarios gratuitos, caramelos para un rato y que hacen ver que su elección, la elección que suponemos como lectores, viene de manos profesionales, es la de las informaciones más relevantes. Y además contada en profundidad. Y con numerosas fuentes. Y contrastada al 120%. Y en muchos casos no es así.

Y es que, otra autora nacional como Pilar Diezhandino, que aparece en notas al pie en este mismo texto tuvo unas declaraciones duras para una profesión que se encuentra en unos momentos bajos: “El periodismo ha perdido identidad como profesión […] Llenar páginas es lo que importa.” ¿Hasta qué punto esta afirmación tiene sentido? Creo que al 100%. Interesa llenar páginas, rellenar hueco que, por otra parte, en los medios tradicionales es entendible. Cuantas más páginas, más hueco para publicidad; más publicidad, más ingresos.

Pero ahora nos encontramos en otra realidad o, mejor dicho, con otra realidad (ya que la anterior aún no ha desaparecido) y que son los medios digitales. En este punto hay que destacar que no importa cuánto ocupemos, ya que el espacio de Internet es “infinito”. No existe realmente una contabilización de páginas y, además, la publicidad no depende tanto del número de informaciones que tengamos sino de cómo distribuyamos estos banner a lo largo de la página.

Entonces, ¿qué es lo que nos lleva a seguir con la misma filosofía? Parece que un medio de comunicación es menos medio de comunicación si en lugar de ofrecernos 200 informaciones al día y venidas en su mayoría de una nota de prensa fusilada nos ofrece solo 12 informaciones pero con un trabajo detrás de verdadero esfuerzo.

Creo que no somos más que mentes analógicas dentro de un mundo digital. Seguimos pensando que rellenar hueco es lo esencial mientras olvidamos que el medio digital nos ofrece unas posibilidades que el papel no puede hacer. Y esas posibilidades las desaprovechamos. Y hasta que esta mentalidad no cambie no podremos realmente hablar de un “periodismo digital verdadero”. 

Por lo tanto, tras haber leído todo esto, he llegado a varias conclusiones:

1.- Solo los periodistas podemos salvar al periodismo desde su más profundo carácter, mediante una autoprotección y una salvaguarda del periodismo tradicional, entendiéndose este no en función de su soporte, sino en función de su tratamiento en profundidad, verificado…

2.- Solo una sociedad crítica, con gusto por un periodismo analítico y completo puede ayudar a los mismos profesionales a salvarlo. ¡Mentes ciudadanas, despierten!

3.- La abundancia actual de periodismo de entretenimiento, superficial, favorece a los poderosos. ¿Dónde está ahora el 4º poder?

4.- Podemos llegar a esta salvación del periodismo mediante nuevas formas de financiación del ejercicio periodístico, alejado de los grandes grupos de comunicación y mediante aportaciones ciudadanas y profesionales. Un crowdfunding (tan de moda ahora) en medios.

5.- “Relación entre salubridad democrática y calidad periodística”, otra de las frases. Si esto es así, estamos sumidos en una democracia agonizante. ¿Soluciones? Volver a inventar el mundo; Open Government…

6.- Atender a temas desatendidos o trivializados. Todo es sociedad. Todo es social. Y todo es noticiable. Y siempre nos quedamos con lo de siempre. Mentes críticas y analíticas ¡ya! Peligros que ello conlleva: caer en un periodismo “de ONG”, está bien dar voz a colectivos y minorías, tratar otros temas, pero sin caer en realizar un anuario de ONG.

7.- Gran parte de la culpa de los contenidos que ahora se realizan en los medios de comunicación la tiene el gatekeeping y la visión empresarial del periodismo. Ofrecer a la audiencia solamente aquello que demanda hace que la sociedad se vuelva cómoda. Además mediante una visión meramente empresarial, el vender por el vender sin importar la calidad. ¿Por qué protestamos por las copias baratas y de baja calidad provenientes de Asia en cualquier producto y no protestamos por el periodismo bajo y de mala calidad de nuestro país?

8.- Se da un periodismo con fachada atractiva pero con un trasfondo blando. Vender las cosas mediante la espectacularidad. Y no, el periodismo no es la teletienda y la información no es la cartera Aluma.

 9.- Como debe ser el mismo periodismo el que salve al periodismo, los mismos periodistas deben ser quienes lo salven. Y me viene a la mente un nombre de una revista y a la vez una trilogía literaria: Millenium. Sin espectacularidades ni creernos detectives y por qué no decirlo, algo más terrenal y real, es una de las vías que podría salvarlo. ¿Quién diría que Stieg Larsson daría una clave para el periodismo mediante la ficción?

Creo que este texto de José Luis Dader es un buen ejemplo para meditar. Y esta es solo la primera parte. Mientras, además de estas parrafadas, os dejo una foto que describe a la perfección el periodismo de hoy. Está sacada de Clases de Periodismo y no encontré foto mejor para ilustrar.

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