Un ciudadano bien informado es un ciudadano empoderado

Este texto es especial, ya que es la primera colaboración que tenemos en el blog y, además, viene de la mano de una gran profesional como es Macarena Rodríguez (@MacarenaRG). Si no la seguís en Twitter, no sé a qué esperáis. Además tiene un blog, La oreja de Europa, ganador del premio al Mejor Blog sobre Europa en el año 2009, ahí es na’. 

En los últimos tiempos se habla de la transparencia como el término de moda para la lucha contra la corrupción. Se pide más transparencia para conocer qué es lo que ocurre en cada caso que salta a la prensa. Lo que no saben los ciudadanos es que la transparencia es el paso previo para que no ocurran estos casos de corrupción que están día y noche en los medios de comunicación. No se trata de que el ciudadano sea informado del avance de las investigaciones en estos casos, sino de tener la posibilidad de estar realmente informado de todo antes de que ocurran. Si un ciudadano conoce al detalle las partidas presupuestarias de su ayuntamiento y puede saber a qué se destinan exactamente todos los impuestos locales que paga, podrá estar informado sobre cómo gastan los fondos presupuestados los gestores del ayuntamiento, es decir, los políticos elegidos por su voto y el de sus conciudadanos, y por tanto, ejercer una vigilancia que podría (al menos en teoría si el ciudadano quiere ejercer ese “poder”), evitar casos de malversación o mala gestión de los fondos del ayuntamiento.

De esta forma, la transparencia debe ser usada como arma para “empoderar”, esto es, dar ese poder al ciudadano para que pueda decidir sobre aquello que le afecta. Si no hay transparencia, la información no fluye. Si el ciudadano no está informado, no puede colaborar con sus gobernantes y conciudadanos para mejorar su vida y la de su entorno. Si no hay colaboración, no puede participar para cambiar las cosas. Estos son los tres pilares básicos del “gobierno abierto”, transparencia, colaboración y participación, y cómo hemos podido ver el orden en el que se empleen estos tres componentes sí que altera el resultado.

El “gobierno abierto”, en una sociedad moderna del siglo XXI, es fundamental para que sea el propio ciudadano el que ejerza el poder de decisión y vigilancia que le confiere la democracia. La irrupción de las redes sociales ha provocado, sin embargo, que los políticos dejen de ignorar este nuevo concepto de gobierno y comiencen a interactuar con los ciudadanos que les han votado. Las nuevas tecnologías y muy especialmente, las redes sociales, son el vehículo para conseguir que la colaboración y la participación de los ciudadanos en su gobierno ejerza un bien general y todos se beneficien.

Sin embargo, la transparencia, que debe ser el primer paso del gobierno para empoderar a los ciudadanos, sigue siendo un concepto ajeno al ciudadano de a pie y también a los mismos gobernantes. Los medios de comunicación siguen siendo el cuarto poder, y aunque las redes sociales comienzan a tener una gran presencia, vehículos de información y garantes de la transparencia son los medios. No obstante, un medio no tiene porque ser transparente; un gobierno sí.

Para ello, tiene que publicar la información con ayuda de las nuevas tecnologías, es decir, tiene que publicar los datos que pertenecen a los ciudadanos (en inglés, a este ejercicio se le conoce como “open data”; en español, datos abiertos y no nos referimos a los datos personales, sino por ejemplo, a todos los datos sobre contratación pública de un ayuntamiento cualquiera) en formatos adaptados para ser rápidamente leídos por las máquinas (los ordenadores), y el periodista o los medios, tienen que transformar estos datos (periodismo de datos) que nos pertenecen puesto que son públicos, para que el ciudadano pueda comprender, informarse, decidir cómo ejercer su poder y finalmente, actuar y vigilar sus derechos democráticos. Por su parte, las redes sociales pueden ser un vehículo de doble dirección tanto de gobiernos y medios como de los ciudadanos, para comentar los hallazgos realizados y poder disfrutar realmente de la democracia en la que viven.

En conclusión, un ciudadano informado es un ciudadano empoderado y para que esto ocurra, se necesita un “gobierno abierto” en todos los niveles de la democracia, desde lo local hasta lo europeo, que se funde en la transparencia, la colaboración y la cooperación y que utilice las tecnologías de la información y la comunicación como herramienta de trabajo. 

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Un comentario en “Un ciudadano bien informado es un ciudadano empoderado

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