El club de la trepa

Porque hay días para todo. Días para sentirse pletórica y días para sentirse una mierda y, lo peor, días para que te hagan sentir como una de ellas, sin ojos ni sonrisa, de esas del Whatsapp. A traición. Que a veces me gusta la positividad que descargan algunos de mis compañeros en sus blogs, aquello de ponerse los cristales rosas para ver la vida de otro color. Pero hay días miopes, astigmáticos y rozando el estrabismo. Que se aprende a base de golpes es una máxima que muchas veces me han dicho y a menudo suelo repetirme. Y que el periodismo es un mundo de sanguijuelas, también. 

No hace falta salir al mercado laboral para comprobar que los capullos no se masifican únicamente en primavera. Y que, a veces, ser buena compañera o amiga acaba por enseñarte que de compañera y de amiga no tienes nada, sino que eres una parguela de libro. Que sacar la cara y decir públicamente las quejas que otros han compartido anteriormente en círculos cerrados te convierte en una traidora a la patria y no en alguien que no se conforma con sacar la lengua y lamer el primer culo que pase. Eso que algunos ven como un llamamiento para exigir dignidad, otros lo relacionan con la estupidez o la prepotencia del emisor. 

Y no vayas a quejarte, tú, pueril, ignorante, insignificante y falto de voz y voto cuasi periodista (e incluso ya periodista) que alzas la voz para defender un oficio un poco más digno, un poco más crítico y autocrítico, un poco más… periodismo. ¿Por qué? Porque por todo el mundo es sabido y numerosas conclusiones del Centro de Estudios Paco Marhuenda muestran que tú, pequeño aún estudiante de Periodismo, no tienes nada que decir a las cabezas visibles, todopoderosas y más que asentadas en el mundo de la información. ¿Por qué?, te preguntarás de nuevo, tú que eres un ávido periodista que ansías respuestas. Pues porque los años de experiencia conceden total inmunidad. Un periodista experto es un periodista invencible, cuya razón supera todas las leyes de la física y la metafísica. 

Y cuidado, no te pongas peleón, porque la crítica que aportas a esos periodistas y medios, expertos ellos, súper reciclados y muy preparados en este mundo cambiante a cada hora, no hace más que cerrarte puertas en los medios de comunicación que, dentro de algunos años, meses o semanas tendrán que acogerte. Porque quizá ellos lo que quieren es un pupilo que refleje un calco perfecto de él (o ella) mismo: la figura del lameculos. No vaya a ser que algún día él, haciendo gala de sus artes de trepismo, sea tu jefe y tú, encima, te pongas farruco, de nuevo exigiendo, y eso de morder la mano que te da de comer es muy feo, pequeño iluso. No pelees, no exijas lo que es tuyo, no intentes cambiar nada en este mundo porque todo está ya establecido, porque tú no has venido a este mundo como salvador, nadie ha pedido opinión y menos la tuya: no tienes suficiente experiencia como para establecer qué está bien y qué no y no eres lo suficientemente bueno -o quizá sí y eso sea lo que escuece- como para alzar la voz y exigir.

“Estudié Periodismo, como notarán por el hecho de que opino sobre cualquier tema a partir de la segunda cerveza (a las diez de la mañana)”. Cita

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