Una palmadita en el culo, un agarrón de brazo… un machista suelto

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Una palmadita en el culo, un agarrón de brazo en medio de la noche, un beso en el cuello sin venir a cuento o un beso tirado desde una ventanilla. Son algunos de los casos que representan la violencia de lo sutil. De lo sutil del machismo. No tengo que irme muy lejos de mi lista de amigas para conocer casos de acoso callejero realizados por tíos que (sí, así es) se creen dueños y señores de tu cuerpo, que consideran que tienes que sentirte halagada si ese engendro pone sus zarpas encima de ti o decide abrir su bocota para dedicarte una palabra de esas que llaman “piropo”. Es más, me cuesta encontrar alguna que no lo haya vivido.

Y aún a la hora de configurar cualquier campaña, llamado o alegato hay que poner una nota al pie que diga “NotAllMen”. Porque sí, parece ser que veintiún siglos de Historia con el falo como eje vertebrador no son suficientes y aún tienen el derecho de picarse si una campaña tiene como protagonistas a las mujeres y posa su dedo acusador sobre los hombres. Porque sí, puede que no hayas violado a una mujer; puede que incluso no hayas tocado el culo a ninguna por la calle o en una discoteca, pero algún “vaya calientapollas” casi seguro que ha salido de ese piquito. Y, además, se hace necesario llamaros la atención, porque parece ser que el más de medio centenar de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas cada año no crea la suficiente alarma para todos los hombres. Para que, por una vez en vuestra existencia digáis: “coño, igual esta campaña habla de todos los hombres porque yo también tengo algo que hacer”. Pues sí, porque a pesar de que los feminismos se configuran gracias y en torno a las mujeres, también necesitamos concienciación por vuestra parte.

Lo necesitamos, porque si analizamos muy a fondo la violación de la joven en Sanfermines, no fueron solo cinco los (supuestos) cabestros que la llevaron a cabo, sino ellos y toda su “manada”. Porque no levantar la voz, no parar los pies y encima reír ante un caso de violencia machista extrema te convierte en el mismo violador, el mismo cobarde, el mismo canalla, el mismo cabrón que ha agredido sexualmente a una mujer. Con uno solo que hubiera levantado la voz ante el primer caso que ahora se conoce, el de otra joven en una localidad de Córdoba, se podría haber evitado el segundo, porque estos indeseables estarían ya entre rejas. O no.

Porque el sistema policial y judicial pone en duda la palabra de una mujer que se ha visto agredida por un hombre porque claro, ese 0,001% de denuncias falsas sirve como excusa para el 99,999% restante. Porque NotAllMen violan, pero puede ser que sí AllWomen mientan. Y una mujer agredida tiene que pasar por análisis psicológicos y un largo número de pruebas para demostrar que sí, que cuando ella asegura que la han violado es porque es verdad. Porque, además, el sistema de protección a la mujer ante agresiones machistas está tan en las antípodas que, si un hombre te toca el culo por la calle, te soba con su paquete, te agarra una teta o te mete la mano en el coño, al no poder probarse te jodes y bailas, porque un inocente podría ir a prisión. Porque ya sabéis: que NotAllMen violan, pero sí AllWomen mentimos.

Y sí, aquí seguimos, camino de finalizar 2016 y las mujeres vivimos con miedo de ir por la calle y que un hombre se nos abalance aprovechando que vamos cargadas con bolsas del súper. Volvemos acojonadas a casa tras una noche de fiesta, por si a otro le parece que esa falda que te has puesto es un reclamo para que te viole. Aceleramos el paso de camino a casa, con el móvil en una mano y las llaves en la otra (algunas metidas entre los dedos) por si sientes que alguien te persigue. Sintiéndote impotente cuando algo de esto ocurre porque un toque en el culo, un agarrón de teta o una metida de mano no se puede probar, pero sí el bofetón que le arreas después. Por eso, cuando un hombre te agrede, aceleras el paso, entras en casa, cierras la puerta, tiemblas, lloras y descargas tu rabia contra lo primero que ves.

Sabemos, porque así lo habéis dicho, que los hombres del mundo habéis podido escuchar, leer o incluso ver una agresión de este tipo en directo. Quizá, hacia una mujer cercana. Pero una cosa: jamás sentiréis el miedo y la rabia que esa mujer siente. Y una pequeña explicación para vosotros, con ese momento de protagonismo que tanto os gusta. Se basa en el principio de empatía: si no sintierais rabia o miedo por la otra persona estaríais camino de ser unos psicópatas. Cuando a otra persona se le muere un ser querido tú puedes sentir tristeza, pero siempre será “en diferido”. Nunca sentirás la tristeza de la misma manera y al mismo nivel que la persona que sufre la pérdida.

Además, si aunque haya sido en una sola ocasión habéis sentido ese “miedo en diferido” al ver cómo acosan o agreden a una mujer cercana o no a vuestro entorno, también deberíais entender que existan campañas donde se ponga el foco y se lance el dedo acusador a los hombres, porque sois los primeros sujetos desde los que se ejerce el machismo. Es decir, que hayáis sido testigos de algo así ya explica por qué existen esas campañas que tan furiosos os ponen porque “NotAllMen”.

Las mujeres exigimos poder movernos libremente por nuestras ciudades y pueblos, que no sintamos miedo al volver solas a casa, que no se nos encienda la alarma cuando un hombre te para de noche por la calle, aunque solo sea para pedirte la hora, porque puede ser que acceder a darle la hora ya lo considere como un acceso a todo lo demás. Porque queremos dejar de pensar “joder, podría haber sido peor” cuando llegamos a casa después de haber sufrido un episodio machista; porque lo normal sería pensar “esto no tendría que haberme pasado” si viviéramos en una sociedad igualitaria. Porque esa falda que llevabas no era un llamamiento a su paquete. Y porque solo la educación y la autodefensa podrán acabar con esto y eso depende de todas.

 

No me hagáis repetirlo más.

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